Esa noche

Me quedé dormido hilvanando constelaciones. A la luz de la luna, tu y yo, estirados en la arena de la playa, creí conocerte y poder coser juntos una vida en común. Pero los rayos de sol agujerearon mi sueño: volví a despertarme solo y con mal sabor de boca.

Intenté rehacerme, pero el agua me salpicó, las olas llegarón a mí y me mostraron el mar infinito. Me desvestí, me despojé de todo y nadé hasta el fin.