Esa noche

Me quedé dormido hilvanando constelaciones. A la luz de la luna, tu y yo, estirados en la arena de la playa, creí conocerte y poder coser juntos una vida en común. Pero los rayos de sol agujerearon mi sueño: volví a despertarme solo y con mal sabor de boca.

Intenté rehacerme, pero el agua me salpicó, las olas llegarón a mí y me mostraron el mar infinito. Me desvestí, me despojé de todo y nadé hasta el fin.

Rafael, el pintor de imagenes

Ella adoraba su sensibilidad oculta bajo una pátina de acero azul.

           Podríamos ser padres.

          ¿Por qué?

          Yo me esfuerzo en ser buena persona y tú lo eres.

          ¿Lo consigues?

          Soy constante y un poco obsesiva.

          Entonces a nuestros hijos no les haríamos ningún bien. Te olvidabas de que yo también soy responsable y tú siempre has sido egoísta.

Él continúo pintando paisajes con su cámara réflex y en los viajes encontró a quien debía ser su mujer, quien de verdad lo quería por ser lo que él quería ser.

Mis primeras palabras

Tan misteriosamente como apareció se cierra su entrada. Se refugia en su concha.

Levanto la vista y veo charlando a mama. Le estiro la manga del jersey, con todas mis fuerzas, para llamar la atención.

Baja la vista y le digo cagacol. Siguen hablando. No me hacen ningún caso. Pienso como decirlo bien y me sale: caracol. Me aplauden y consigo otra cara sonriente en el dorso de mi mano.

Corro para enseñarselo a papa.

Amor volátil

Comienzan a acumularse en la superfície del planeta conocimientos innecesarios, me dijo, justificándose, por abandonar el doctorado en burbujas de jabón hechas por mendigos en los parques públicos y se apresuró a encontrar trabajo. Se las ingenió para llegar a fin de mes y para oírme suspirar todas las  noches a su lado. A pesar de ello, no pudo evitar ver deshincharse mi amor por él.

Películas

Las luces están apagadas y nadie mira el móvil. Es una sensación nueva para mí. Nunca había estado antes en un cine. La abuela me dijo que me llevaría cuando se encontrara mejor. Me explicaba que allí podría ver las princesas de los cuentos de hadas que me contaba. Yo les preguntaba a ella y a mi abuelo que me explicarán que hacían cuando iban al cine los sábados, antes de que ella enfermara. No recuerdo que me contaban. ¡Qué bien! ¡Veremos Mary Poppins! Con la abuela cantábamos Supercalifragilistico espialidoso es una palabra de poder maravilloso y reíamos juntas. A mí me costó mucho aprender a decirlo. ¿Ya se ha acabado? ¡Oh! ¡Qué decepción! Me pensaba que ya había empezado la película, que vería por fin Mary Poppins, pero papa me cuenta que lo que he visto es un tráiler de otra. La pantalla es muchísimo más grande que la del televisor. Sentada en una de las butacas, me encuentro pequeña. Me he sentado al lado de Noa. Ella es mayor, muy guapa y lleva las uñas pintadas de rosa fucsia. Ya tiene nueve años, casi dos años más que yo. No quería venir con nosotros. Pero sus papas y los nuestros son muy amigos. La película ya ha empezado: Ernest y Celestine. Cuentos de invierno. ¿Un oso y una rata presumida? ¿No hay princesas? ¿La abuela Núria me engaño? ¡Qué rabia me da! Los ojos se me llenan de lágrimas, pero no quiero llorar. No quiero parecer una niña pequeña con Noa, pero ella se da cuenta. ¿Qué te pasa Ana?, me pregunta flojito al oído. Yo, yo quería ver Mary Poppins, le digo medio avergonzada. Entonces deja de hablarme como a una niña. Me explica, muy enfadada, que es la única de la clase a la que no la han llevado a verla. Nos regañan y nos chantajean que no van a llevarnos nada los Reyes Magos. Noa y yo nos miramos, sonreímos y callamos. En la gran pantalla aparecen letras. No entiendo nada. ¡Si acaba de empezar! Inmediatamente empieza otra historia. Un oso pierde una tecla del acordeón y los ratoncitos le hablan de un misterioso ratoncito verde que se lleva los objetos y vive en el bosque. Me recuerda cuando me creía que el ratoncito Pérez me llevaba regalos. La abuela siempre me traía mis regalos preferidos. Ella jamás sabrá que yo ya sé la verdad. Me lo chivateó hace poco Noa. Lloré mucho y me enfadé con ella, pero también con los papas y la abuela por decir mentiras. Pero hoy, cuando me ha caído otro diente, me hubiera gustado creer en ello y que la abuela me hubiera podido hacer otro regalo. Seguro que ella me hubiera llevado a ver Mary Poppins. La película me aburre. Ahora el oso y los ratones bailan al ritmo del acordeón. La música me gusta y la sigo con la cabeza. Pero vuelven a salir letras y empieza otro cuento. Vuelvo a perder el interés y me pongo triste. La música ha acabado. Mi abuela ya no volverá a explicarme cuentos. Ya nadie a quien no conozca me regalará nada. Noa ha sacado el móvil del bolsillo del anorak y empieza a jugar de escondidas de los papas. Yo la veo jugar. Ella se da cuenta. Shh, me susurra como si fuéramos amigas. ¡Qué chulo!, le digo. En verano, cuando cumpla los años a mí también me han prometido regalarme uno. Yo también quiero ser mayor, tener móvil e ir con mis amigas los sábados por la tarde. Noa esconde el móvil. Ha hecho tarde. Los papas de Noa lo han visto y creo que están muy disgustados con nosotras. Aparecen en pantalla otra vez letras. Un montón de nombres. No llego a leerlos todos. Mama me explica que se llaman créditos y que aparecen cuando acaban las películas en el cine. Papa me pregunta si me ha gustado.  Es para niños pequeños y yo ya no lo soy, le respondo.

Opinión pública

El abogado de oficio me ordenó sin pestañear: “Se tú misma”. Y tuve que rebuscar entre mis recuerdos para acabar convirtiéndome en aquello que había aprendido de ellos.

Me acomodé en el banquillo de los acusados sin demasiadas esperanzas de salir ilesa. Los ideales por los que había luchado hacía años se verían truncados y acabaría perdiendo la confianza en mí.

La última prueba del fiscal fue una fotografía impresa en color. En ella vi en mí a una desconocida. Los años me habían cambiado el rostro, pero no cabía lugar a duda: era yo. Reía mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato a los premios Marie Curie. Eran otros tiempos. Hacía falta mano de obra barata y no nos podíamos permitir perder el tiempo estudiando, ni mucho menos investigando. Creíamos que ya todo estaba inventado.

¿Por qué reía?, me preguntó la fastidiosa mosquita con su lengua veloz. Y no supe responderle. Acto seguido, escogí entre las posibles razones y me escudé en los comportamientos ajenos. Lástima que se tratara de un selfie, pensé.

“Mal de muchos, consuelo de tontos”, me rebatió. Miró a los asistentes. A continuación, sus carcajadas me revelaron el veredicto: culpable.

Eufòria

Em vaig descomptar dels cops que em va trucar.  Ni tan sols havia dormit la nit abans, em va dir. No podia parar de xerrar. Que si tenia algun problema? No, i ara. Tot el contrari: desbordava simpatia. Quan la vaig veure estava més guapa que mai. S’havia arreglat molt. Tot el que duia era nou. Crec que, fins i tot, el pintallavis se l’havia comprat la tarda abans. Feia dies que se preparava perquè el dia del concert tot sortís rodó. I aquell nit estava preciosa. Desprenia felicitat. Vestida per triomfar, com deia ella. S’havia gastat més del que podia pemetre’s. Ho sabia. Ho tenia clar. Tenia un propòsit: embolicar-se amb en Robert. Ella estava segura que aquella nit es compliria. Nosaltres ho vèiem difícil. Si no li havia fet cas durant tot el curs, era complicat que aquella nit n’hi fes. Però ella estava tan segura de si mateixa, tan convençuda que tot el que s’havia proposat es compliria que no gosàvem dir-li res que la contradigués. A més, encara que li haguéssim dit, crec que ella no ens hauria escoltat. Que si era creguda? De normal no. Però, aquell dia, es creia que podria amb tot. Ens vam enfadar, sap? Sí. Parlava i parlava, però no escoltava. Que si s’havia pres res? No, no ho crec. No acostumava a fer-ho. Beure, sí. Estic segura que havia begut més del compte. Va estar ballant tota la nit. No tenia vergonya de res. Parlava amb tothom.

Apunts d’escriptura narrativa: Final

No puc dormir. Tinc massa coses al cap. Massa deutes. Massa maldecaps. Com se’m va ocórrer demanar un crèdit per fer aquest maleït curs d’escriptura? I ara, què? Necessitava esbargir-me, oblidar els problemes, escriure, sortir de la monotonia, expressar-me i, sobretot, no ser jo. I ara, he d’entregar per demà a les dotze un relat. No sé ni per on començar. Miraré per la finestra. Em cal inspiració.

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“Tranquil.la”, li dic. “No passa res. Ja t’ho pago jo”, no em cal insistir. Va la tia i accepta. Òstia! Quan follàvem no m’ha dit que no prenia pastilles. La culpa és seva. Jo també vaig begut. Massa. Tan begut que no puc pensar. I ara va i es fa la víctima. Però… qualsevol li diu res… I ara a saber on trobo un caixer. M’ha dit que per aquí n’hi ha un a prop. Ni tan sols m’ha acompanyat. M’ha indicat on era. Això sí.

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Des de la finestra puc veure el meu carrer, Travessera de Gràcia, a les cinc la matinada. No hi ha ningú. Només els fanals encesos i cotxes a l’altra banda de la vorera. Espera. Crec que hi ha algú. Sí. Un noi en una furgoneta. Què hi deu fer? El noi no fa massa bona pinta. Té la finestra oberta perquè fuma. Deu estar esperant algú.

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Giro i vaig a petar a Travessera de Gràcia. Ja la veig. M’hi apropo. Ara els bancs s’han convertit en botigues. Una pena, diu el meu pare. Ell hi va treballar 40 anys fins que el van prejubilar. La porta no s’obre. Les tanquen a les nits. No hi volen “sense llar”. Fugen de les complicacions. Ho entenc. Hauré d’anar al caixer exterior. Espero arribar-hi sense “potar”.  Em costa fins i tot caminar recta.

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Al carrer ha aparegut un noi. No deu passar dels trenta. És alt i corpulent. Va ben vestit. Desvio la meva atenció i em fixo amb ell. Es dirigeix a les oficines. De tan begut com va, em pregunto si hi arribarà. Hi arriba. Forceja la porta i quan s’adona que està tancada es dirigeix al caixer exterior. De cop, el noi de la furgoneta tira la cigarreta i en surt. Ni tan sols tanca la finestra. Crec que ja sé a qui esperava: una víctima.

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No dono importància als passos que sento fins que noto que algú em toca l’esquena. Em giro de cop i em trobo que m’apunten amb una navalla suïssa. Que ridícul! Si jo no fos la víctima, m’entrarien ganes de riure. Al ionqui aquest fins i tot li tremola el braç. Espero que no sigui perillós. A sobre em tornen a entrar ganes de “potar”. No és el moment. Merda! Miro a veure si algú pot ajudar-me. Merda! És principi de mes. Em poso nerviós. No tinc més remei que dir-li el pin. Veig un llum encès i l’ombra d’una tia en una finestra. Desvio la vista que no ho vegi el paio. Em tranquil.litzo i calculo quant poden tardar a arribar els mossos.

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Presencio l’atracament. Agafo una llibreta i començo a escriure: “Dins d’una furgoneta vella, en Kevin està a l’aguait…” El noi mira cap on sóc jo. “Què faig?”, penso.  Apago el llum i deixo encesa la làmpada petita. Agafo la càmera i la deixo que gravi. Espero que no s’hagin adonat que els vigilava. Demà tindré una bona història.